Si busca mantener a los perros alejados de su casa o jardín, probablemente haya oído hablar de los repelentes ultrasónicos. Presentados como soluciones silenciosas para ahuyentar a los animales no deseados, estos dispositivos plantean una pregunta importante: ¿Tienen realmente un efecto sobre los perros y, si es así, cuál es? Comprender su impacto en los perros es fundamental antes de usarlos. En esta guía, encontrará respuestas claras y basadas en hechos, que le ayudarán a tomar una decisión segura e informada.
¿Qué es un repelente ultrasónico?
Los repelentes ultrasónicos son pequeños dispositivos electrónicos diseñados para emitir ondas sonoras de alta frecuencia, generalmente por encima de los 20 kHz, que son inaudibles para los humanos pero resultan molestas o perturbadoras para muchas plagas comunes como roedores, insectos y, en algunos casos, gatos y perros.
El principio es sencillo: al producir un sonido que ciertos animales perciben como irritante o amenazante, el aparato los incita a abandonar la zona o a evitarla por completo.
La mayoría de estos dispositivos son del tipo plug and play, es decir, solo necesitan una fuente de alimentación para funcionar. Algunos modelos incorporan funciones adicionales como sensores de movimiento, luces intermitentes o frecuencias ajustables para adaptarse a distintos tipos de animales.
Aunque estos dispositivos están pensados principalmente para repeler ratones, ardillas o insectos, el efecto de los ultrasonidos sobre los perros no siempre está claramente explicado. Esto lleva a muchos propietarios a preguntarse si realmente son seguros y eficaces. Vamos a analizarlo con más detalle.
¿Cómo funcionan los repelentes ultrasónicos?
Los repelentes ultrasónicos funcionan emitiendo ondas sonoras a frecuencias generalmente comprendidas entre 20 kHz y 65 kHz, muy por encima del rango auditivo humano. Estos sonidos agudos están diseñados para ser irritantes o incluso estresantes para ciertas especies consideradas plagas, como roedores, cucarachas o insectos. Al alterar su comportamiento natural, los empujan a abandonar la zona.
El principio se basa en una sobrecarga sensorial. Aunque nosotros no podamos oírlos, muchos animales tienen un sentido del oído mucho más desarrollado. Las frecuencias emitidas pueden interferir en su capacidad para desplazarse, comunicarse o sentirse seguros en un espacio determinado. Con el tiempo, esta incomodidad constante les obliga a buscar otro lugar.
Algunos dispositivos incluyen ajustes de frecuencia variables para evitar que los animales se acostumbren al sonido. Otros cuentan con luces LED intermitentes o sensores de movimiento que activan el sonido solo cuando detectan presencia, haciendo la experiencia aún más confusa y disuasoria para los animales.
Aunque estas funciones pueden ser eficaces contra plagas pequeñas, generan preocupaciones sobre su impacto en los perros, cuyo rango auditivo suele coincidir con el de estas frecuencias. Aquí es donde la situación se vuelve más compleja, especialmente si convive con un perro o vive cerca de otros animales domésticos.
Efectos potenciales de los repelentes ultrasónicos sobre el oído y el comportamiento de los perros
Los perros poseen una audición extremadamente aguda, mucho más sensible que la del ser humano. Mientras que el oído humano suele captar sonidos de hasta 20 kHz, los perros pueden oír frecuencias que alcanzan entre 45 y 65 kHz, dependiendo de la raza y del individuo. Esto significa que el sonido emitido por los repelentes ultrasónicos suele ser audible e incómodo para muchos perros.
En algunos casos, esta exposición puede provocar malestar, estrés o incluso cambios de comportamiento, especialmente si el perro está expuesto de forma prolongada. Estos son algunos signos a tener en cuenta:
- Inquietud o nerviosismo sin causa aparente
- Rechazo a entrar en ciertas habitaciones o zonas del jardín
- Quejidos, ladridos o hiperactividad
- Orejas hacia atrás o cola entre las patas
- Búsqueda excesiva de contacto… o comportamiento de huida
Sin embargo, no todos los perros reaccionan igual. Algunos apenas notan el sonido, mientras que otros se ven claramente afectados. Las reacciones dependen de factores como la edad, la raza, la sensibilidad auditiva y el carácter del animal. Por ejemplo, las razas pequeñas y los perros jóvenes, que tienen una audición más fina, suelen ser más sensibles que los perros mayores con pérdida auditiva.
En hogares donde estos dispositivos se utilizan de forma continua, algunos perros pueden incluso asociar ciertas zonas con una experiencia negativa, desarrollando conductas de evitación prolongada o una ansiedad creciente. Esto puede ser especialmente problemático en perros que ya presentan sensibilidad al ruido o trastornos del comportamiento.
Conclusión: aunque los repelentes ultrasónicos no causan daños físicos directos, sí pueden afectar al bienestar emocional del perro, especialmente si se colocan en interiores o cerca de su lugar de descanso, comida o juego. Si piensa utilizar uno, la colocación y la duración de la exposición son factores clave que deben gestionarse con cuidado.
Estudios científicos y opiniones de expertos sobre los dispositivos ultrasónicos y los perros
Las investigaciones específicas sobre el impacto directo de los repelentes ultrasónicos en los perros siguen siendo relativamente limitadas. Aunque estos dispositivos se prueban principalmente en roedores e insectos, la superposición entre las frecuencias emitidas y el rango auditivo de los perros no ha pasado desapercibida para los veterinarios ni para los especialistas en comportamiento animal.
Una de las principales preocupaciones planteadas por los expertos es que, aunque los ultrasonidos no provoquen daños físicos visibles, pueden generar estrés crónico o ansiedad en los perros expuestos durante períodos prolongados. La Dra. Rachel Malamed, veterinaria especialista en comportamiento, destaca que la exposición repetida a sonidos de alta frecuencia puede actuar como un “factor de estrés de bajo nivel”, afectando el estado de ánimo del perro y su sensación de seguridad, especialmente en espacios confinados.
Algunos estudios acústicos sobre la percepción animal han confirmado que los perros oyen perfectamente los ultrasonidos e incluso pueden mostrar reacciones de sobresalto o agitación cuando se exponen a sonidos repentinos e inusuales en el rango de 25 a 50 kHz, frecuencias presentes en muchos repelentes de plagas.
Además, el American Kennel Club (AKC) y otras asociaciones de protección animal hacen un llamado a la prudencia respecto al uso de repelentes ultrasónicos diseñados para controlar los ladridos. Incluso en ráfagas cortas, estos sonidos pueden tener efectos variables: algunos perros responden bien, mientras que otros se sienten visiblemente perturbados.
Nuestra opinión sobre los repelentes ultrasónicos para perros coincide con la de muchos expertos: estos dispositivos pueden ser útiles en determinadas situaciones, pero deben utilizarse con criterio, observando atentamente la reacción del animal.
Lo esencial es que se necesita más investigación. Las reacciones muy diversas de un perro a otro impiden dar una respuesta universal. Algunos toleran bien los ultrasonidos, mientras que otros reaccionan negativamente incluso tras una breve exposición.
Señales que indican que su perro podría estar siendo afectado por un repelente ultrasónico
Como los perros pueden oír frecuencias que nosotros no percibimos, la única manera de saber si un repelente les molesta es observar su lenguaje corporal y su comportamiento. Algunas señales son sutiles, otras más evidentes, especialmente si el dispositivo se utiliza con frecuencia o está colocado cerca de las zonas de descanso del perro.
A continuación, los signos más comunes a vigilar:
- Evitar ciertas zonas: si su perro deja de entrar repentinamente en una habitación o evita una zona específica del jardín o de la casa, podría deberse al sonido emitido por el repelente.
- Inquietud o deambulación: un perro que no consigue relajarse, camina constantemente o parece tenso puede estar reaccionando a un sonido inaudible para usted.
- Ladridos o quejidos excesivos: un perro incómodo puede vocalizar más de lo habitual para expresar su malestar.
- Miedos o ansiedades inusuales: cola entre las patas, orejas hacia atrás, necesidad excesiva de atención o, por el contrario, aislamiento repentino. Algunos perros incluso pueden temblar ante un sonido desagradable.
- Cambios en los hábitos alimenticios o de sueño: si deja de comer o ya no duerme en sus lugares favoritos, considere el repelente como posible causa.
- Síntomas físicos: más raros, algunos perros pueden mostrar signos de náusea o desorientación si la señal es demasiado fuerte o constante.
Es importante tener en cuenta que cada perro reacciona de manera diferente. Algunos muestran signos de estrés de inmediato, mientras que otros desarrollan un comportamiento de evitación de forma progresiva.
Lo esencial es permanecer atento. Si observa cambios inusuales, especialmente cerca del dispositivo, puede ser momento de moverlo o considerar otra alternativa.
Consejos para utilizar un repelente ultrasónico de forma segura con su perro
Si está pensando en utilizar un repelente ultrasónico y tiene un perro en casa, la seguridad debe ser su prioridad. Aunque estos dispositivos son útiles para mantener alejadas las plagas, un mal uso puede causar estrés o incomodidad a su perro. A continuación, algunos consejos prácticos para un uso seguro y responsable:
- Elija el rango de frecuencia adecuado: algunos dispositivos permiten ajustar la frecuencia. Opte por una configuración que apunte a insectos o roedores, manteniéndose por debajo del rango auditivo más sensible de los perros (generalmente entre 23 y 45 kHz). En caso de duda, consulte con su veterinario.
- Coloque el dispositivo de manera estratégica: evite instalar el repelente cerca de la cama de su perro, su comedero o sus zonas de descanso favoritas. Tampoco lo coloque en espacios cerrados donde el sonido pueda rebotar y amplificarse. Para uso en exteriores, sitúelo lejos de las áreas donde su perro juega o descansa.
- Pruebe la reacción de su perro: observe atentamente su comportamiento durante las horas y días posteriores a la activación del dispositivo. Si nota signos de incomodidad como deambulación, inquietud o evitación, aleje el aparato o apáguelo temporalmente.
- Limite la exposición continua: en lugar de dejar el dispositivo encendido todo el tiempo, utilícelo de forma intermitente. Esto reduce el riesgo de sobrecarga sensorial o estrés a largo plazo, especialmente en interiores.
- Evite combinarlo con otros ruidos fuertes: si su perro ya es sensible a los sonidos (aspiradora, alarmas, fuegos artificiales), añadir un dispositivo ultrasónico puede aumentar su nerviosismo. Introdúzcalo gradualmente para no abrumarlo.
- Use alternativas compatibles con animales: si su perro no tolera bien los ultrasonidos, considere métodos más suaves como repelentes a base de olores, aspersores con sensor de movimiento o barreras físicas.
- Consulte a un profesional: si tiene dudas o si su perro ya sufre de ansiedad o problemas auditivos, hable con un veterinario o un especialista en comportamiento animal antes de usar este tipo de dispositivo.
Alternativas seguras a los repelentes ultrasónicos para perros
Si le preocupa el efecto potencial de los repelentes ultrasónicos en su perro o si ya ha notado signos de incomodidad, tranquilícese. Existen varias alternativas suaves y respetuosas con los animales para mantener alejadas las plagas sin afectar el bienestar de su compañero.
Repelentes naturales a base de olores

Los perros tienen un sentido del olfato extremadamente desarrollado, lo que los hace particularmente sensibles a ciertos olores fuertes. Aromas naturales como el aceite esencial de menta, la citronela, el vinagre blanco o el eucalipto pueden ser eficaces para disuadir a los perros de acercarse a determinadas zonas. Estos olores para ahuyentar a los perros también pueden funcionar en ciertos casos, especialmente para disuadir intrusiones o marcajes urinarios en el jardín o cerca de las puertas. También pueden ayudar a prevenir arañazos o marcas de orina en el jardín, cerca de las puertas o alrededor de los cubos de basura. Puede usarlos diluidos en forma de espray, pulverizando las zonas estratégicas de su casa o su exterior. Bien dosificados, estos repelentes no son peligrosos para los perros y siguen siendo eficaces.
Trampas humanitarias

Aunque rara vez se utilizan con perros, las trampas llamadas "humanitarias" tienen como objetivo alejar a los animales sin causarles dolor ni estrés. Estas soluciones son ideales para quienes se preguntan cómo ahuyentar a los perros del jardín sin recurrir a métodos agresivos o invasivos. Las trampas humanitarias pueden incluir jaulas cerradas con placas sensibles a la presión que activan suavemente una puerta para que se cierre. Estas son comúnmente utilizadas por refugios o servicios de control animal para capturar perros callejeros de manera segura y humanitaria.
Plantas naturales

Si el problema se encuentra en el exterior, algunas plantas pueden disuadir de forma natural a los perros de acercarse. La lavanda, el romero o la citronela desprenden olores fuertes que muchos perros no soportan. Además de su suave efecto repelente, estas plantas no representan ningún peligro para los animales y aportan un toque decorativo a su jardín, al mismo tiempo que lo protegen de intrusiones o marcajes no deseados.
Productos repelentes no tóxicos para los animales
Algunos sprays o gránulos están especialmente formulados para ser no tóxicos para los perros. Busque siempre las etiquetas que indiquen "seguros para los animales" y revise la lista de ingredientes para evitar cualquier sustancia que pueda irritar la piel o el estómago de su perro.
Los aspersores con detectores de movimiento
Para ahuyentar a los perros sin ruido ni productos químicos, los aspersores con detección de movimiento son una excelente opción. En cuanto un animal se acerca, un chorro de agua se activa automáticamente. Es inofensivo, pero muy disuasivo. Por ejemplo, el repelente de agua JetSentinel es una solución sencilla, eficaz y respetuosa con los animales.
FAQ
¿El sonido emitido por los repelentes ultrasónicos es doloroso para los perros?
Los repelentes ultrasónicos están diseñados para generar sonidos que alejen a los perros de forma no agresiva. Sin embargo, su eficacia y tolerancia dependen del volumen, la frecuencia y la sensibilidad individual de cada perro. El sonido no suele ser doloroso en sentido físico, pero sí puede resultar muy incómodo o estresante, dependiendo de cómo y dónde se utilice. Los perros pueden oír frecuencias mucho más altas que los humanos (hasta 65 kHz), lo que los hace especialmente sensibles a estos sonidos. Algunos no reaccionan en absoluto, mientras que otros muestran signos de irritación: quejidos, temblores, evitación o agitación. En casos raros, si el sonido es muy intenso o la exposición demasiado larga, puede haber síntomas físicos como náuseas o desorientación. Recuerde que el malestar emocional es tan importante como el dolor físico, sobre todo en interiores donde el perro no puede escapar fácilmente. Observe siempre las reacciones de su perro cuando introduzca este tipo de dispositivo.
¿Pueden los repelentes ultrasónicos provocar convulsiones en los perros?
No existe evidencia científica sólida que demuestre una relación directa entre los repelentes ultrasónicos y las convulsiones en perros sanos.
Sin embargo, los perros con trastornos neurológicos o epilepsia pueden ser más vulnerables al estrés, lo que podría desencadenar un episodio.
Aunque el sonido en sí no es una causa directa, una exposición prolongada a estímulos molestos o que alteran el sueño puede actuar como factor desencadenante. Si su perro tiene antecedentes médicos de convulsiones o muestra signos de desorientación, temblores o movimientos oculares anormales cerca del dispositivo, apáguelo inmediatamente y consulte a su veterinario. El riesgo es bajo en la mayoría de los casos, pero más vale prevenir si hay dudas.
¿Pueden los repelentes ultrasónicos provocar estrés o ansiedad a largo plazo?
Sí, en algunos casos, la exposición prolongada a estos dispositivos puede provocar estrés o ansiedad crónica, especialmente en perros más sensibles. No todos los perros reaccionan de forma negativa, pero quienes lo hacen pueden desarrollar progresivamente signos de malestar como agitación constante, trastornos del sueño, nerviosismo excesivo o agresividad inusual. Dado que los sonidos emitidos suelen ser constantes o imprevisibles, los perros no pueden entenderlos ni controlarlos, lo que aumenta su incomodidad. A largo plazo, esto puede derivar en trastornos del comportamiento o una mayor sensibilidad al ruido. Si nota cambios en el estado de ánimo o en los hábitos de su perro, detenga el uso del dispositivo y reevalúe la situación. La salud emocional de su perro es tan importante como su bienestar físico.
¿Pueden los repelentes ultrasónicos interferir con la educación o los collares antiladridos?
Sí, pueden hacerlo. Estos dispositivos pueden interferir en la educación de su perro, especialmente si utiliza señales sonoras o un collar antiladridos por ultrasonidos. Durante el aprendizaje, la coherencia es fundamental. La introducción de sonidos ultrasónicos imprevisibles puede distraer al perro o generar confusión, sobre todo en cachorros o en procesos de reeducación conductual. Además, si está utilizando un collar antiladridos ultrasónico, la superposición de sonidos puede reducir la eficacia de ambos dispositivos o saturar al perro con estímulos contradictorios. Para garantizar un entrenamiento tranquilo y efectivo, desactive los repelentes durante las sesiones de adiestramiento y evite colocarlos en zonas destinadas al aprendizaje.
¿Cuánto tiempo se puede usar un repelente ultrasónico sin poner en riesgo el bienestar del perro?
No existe una duración "ideal" universal, ya que cada perro reacciona de manera diferente según su raza, edad, sensibilidad y entorno. Sin embargo, no se recomienda dejar el dispositivo encendido de forma continua, especialmente si su perro muestra signos de incomodidad. Es preferible utilizarlo durante periodos cortos y controlados. En exteriores, colóquelo lejos de las zonas de descanso de su perro. Comience con una fase de prueba breve, observe su comportamiento y aumente el tiempo solo si no hay reacciones negativas. Lo ideal es optar por un dispositivo con interruptor o temporizador ajustable, para poder controlar fácilmente la exposición.
¿Los repelentes ultrasónicos diseñados para perros pueden afectar a otros animales?
Sí. Aunque estén diseñados para actuar sobre perros o plagas específicas, los ultrasonidos no distinguen entre especies. Gatos, conejos, cobayas, aves e incluso reptiles pueden percibir estas frecuencias y verse alterados por ellas. Si convive con varios animales en casa, es fundamental considerar el bienestar de todos, no solo del perro. Consulte siempre las indicaciones del fabricante y, si es posible, elija soluciones específicas para cada especie o métodos alternativos más seguros.
¿Existen repelentes ultrasónicos 100 % seguros para los perros?
Ningún dispositivo es 100 % seguro para todos los perros, pero algunos están especialmente diseñados para no causar molestias a las mascotas y seguir siendo eficaces contra plagas.
Un excelente ejemplo es el K9 Shield de Sonic Barrier, considerado uno de los mejores repelentes ultrasónicos para perros del mercado.
Sus ventajas:
- Frecuencia ultrasónica segura para animales domésticos
- Diseño resistente a la intemperie, ideal para exteriores
- Sensor de movimiento que evita la exposición continua
- Ajustes sencillos e instalación rápida
Este tipo de dispositivo ofrece un buen equilibrio entre eficacia y seguridad. Aun así, es importante vigilar a su perro durante los primeros días de uso y ajustar la ubicación o la configuración si es necesario.
Incluso el producto más seguro debe utilizarse con responsabilidad, teniendo como prioridad la salud y el bienestar de su compañero.